lunes, 30 de diciembre de 2013

México en torno al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)

Por Alejandro Armenta Mier

El 1 de enero de 1994 entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) -que firmó México en noviembre de 1993- creando una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo y estableciendo la base para un crecimiento económico fuerte y mayor prosperidad para Canadá, Estados Unidos y México; siendo sus objetivos el promover las condiciones para una competencia justa y el incremento de las oportunidades de inversión.
El TLCAN es un acuerdo que establece reglas sobre el intercambio comercial de bienes y servicios entre Canadá, Estados Unidos de América y México. Por lo que existen una serie de instituciones que tienen a su cargo la responsabilidad de vigilar el cumplimiento y garantizar la adecuada interpretación e implementación de sus disposiciones.
Desde que entró en vigor el TLCAN, los niveles de comercio e inversión de las tres naciones se han incrementado, generando un crecimiento económico sólido y constante, la creación de nuevos puestos de trabajo y una mayor variedad de servicios y bienes de consumo a mejores precios.
México, Canadá y Estados Unidos han logrado reducir las barreras al comercio trilateral y generar certidumbre para los negocios a través de reglas claras y mecanismos para asegurar su cumplimiento en el marco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).
Sin duda, la progresiva eliminación de barreras al comercio y la apertura de los mercados han favorecido el crecimiento económico y la prosperidad en los tres países, y brinda a las empresas de América del Norte un mejor acceso a los insumos, materia prima, las tecnologías, los capitales de inversión y los talentos disponibles en toda la región.
En México, durante los últimos 19 años, el TLCAN ha señalado cómo el libre comercio favorece al incremento de la riqueza y la competitividad. Entre 1993 y 2005 la economía mexicana creció 39.8% en términos reales. México es la décima potencia comercial del mundo y la primera exportadora de América Latina, al representar alrededor del 40% del total de las exportaciones en la región.
De acuerdo a datos de la Secretaría de Economía, la zona de libre comercio creada por el TLCAN representa un mercado potencial de 406 millones de habitantes que producen más de 11 billones de dólares en bienes y servicios. Las tres naciones comercian trilateralmente mil 800 millones de dólares cada día.
El comercio entre los países del TLCAN creció 128%, lo que significó pasar de 297.000 millones de dólares en 1994 a 676 mil millones de dólares al año 2000.
Además ha permitido ampliar las opciones de consumo en México, actualmente existe una gran variedad de productos de una diversidad de marcas. Esto hace que cada vez los productos tengan una mayor calidad y precios más competitivos, beneficiando a los consumidores mexicanos.
El tratado le dio a México acceso a un mercado de más de 325 millones de personas que concentra el 31% del ingreso mundial. La productividad de los trabajadores mexicanos en la industria manufacturera se incrementó en 69.6. Siendo que uno de cada seis empleos está relacionado con la actividad exportadora, empresas que pagan salarios 37% superiores a los de empresas no exportadoras. Además, casi dos millones de empleos corresponden a empresas con inversión extranjera directa (IED), donde los salarios son 28% superiores a los pagados por empresas sin IED.
Sin embargo, a pesar de las ventajas, el contexto mundial ha cambiado en la última década y la región de América del Norte enfrenta nuevos retos, como la creciente competencia en el entorno internacional y las nuevas condiciones que se presentan en los distintos sectores –productivo, financiero, político y de seguridad- de los tres países que conforman el TLCAN.
Esto hace indispensable el surgimiento de nuevos mecanismos que permitan enfrentar estos retos, por lo que es necesario diseñar nuevos instrumentos de cooperación entre México, los Estados Unidos y Canadá.
Si bien, se llevan a cabo iniciativas trilaterales -Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte- y bilaterales -Sociedad para la Prosperidad entre México y los Estados Unidos, y Alianza México-Canadá- con el fin de profundizar aún más la integración de América del Norte, el gobierno de la República reconoce los grandes retos en los diferentes sectores del país, necesarios para lograr asimilar los beneficios del TLCAN e implementar estrategias que permitan unir esfuerzos y fortalecer los mecanismos que le permitan incrementar la productividad y obtener una economía competitiva y generadora de empleos.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Navidad, tradición que perdura

Por Alejandro Armenta Mier

Las piñatas, posadas y pastorelas son sólo algunas tradiciones navideñas que han pasado de generación en generación durante años. Pero son pocos los que realmente conocen el significado de las mismas y la historia detrás de estas tradiciones que nos caracterizan como mexicanos.
Para los mexicanos la piñata, el nacimiento, las posadas, los reyes magos, las pastorelas, la cena de Navidad y los villancicos son sólo algunas de las costumbres que se implantaron en el periodo Virreinal. Las cuales, aunque pertenecen enteramente a la tradición cristiana, adoptaron rasgos y elementos indígenas que permanecen hasta nuestros días.
El término Navidad viene del latín Nativitas, que significa nacimiento, el nacimiento de Jesucristo. Siendo una de las festividades más importantes del cristianismo, esta solemnidad que -de acuerdo al calendario juliano que reformó el Papa Gregorio XIII- se celebra el 25 de diciembre en la Iglesia Católica, en la Iglesia Anglicana, en algunas comunidades protestantes y en la Iglesia Ortodoxa Rumana.
Las posadas, fueron la forma en que las órdenes religiosas aprovechan el fuerte potencial teatral de la cultura Náhuatl, para propagar en forma didáctica la religión cristiana. Y aunque al principio las pastorelas tuvieron una finalidad evangelizadora, se convirtieron en una costumbre que acogió el pueblo como parte de su cultura y costumbres.
Se dice que las posadas surgieron de las celebraciones de las iglesias para instalarse en las calles y plazas –al anochecer se acostumbra  orar-  donde se formaba la gente con cantos y velas detrás de los santos peregrinos José y María, continuando con letanías para luego pasar al patio a romper la piñata. La piñata como una costumbre que adquiere en México su propia simbología; personificando de la lira de David, la estrella de Belén o la rosa de Jericó, todo con vistosos colores representando la vanidad, la fe representada en la venda en los ojos  y el palo, la virtud que vence el mal.
Sin olvidar las pastorelas como escenificaciones que según historiadores datan de 1527, siendo los primeros títulos “La comedia de los Reyes” y “La batalla entre San Miguel y Lucifer” -obra escrita en náhuatl- han sido las mismas a lo largo más de cuatrocientos años, escritas por lo regular en verso, tienen la misma trama, sus personajes son ingenuos pastores, o varios demonios, arcángeles, ángeles, los reyes Magos y la Sagrada Familia. En nuestro país, la pastorela incorpora cantos y música tradicionales de cada región.
El nacimiento, representación de Jesús, María, José, los pastores, los ángeles, el burro, la vaca y el pesebre, se celebra desde la llegada de los primeros misioneros. Siendo la destreza artesanal la que proporciona el toque mexicano, al elaborar exquisitas obras de arte, tanto de tamaño natural como miniaturas o figuras de arte popular, en donde cada región tiene su muy particular forma de elaboración.
Los reyes magos, también de la época virreinal, se celebran en la víspera del 6 de enero y, a diferencia de Santa Claus que también obsequia regalos a los niños, se les celebra porque se consideran los visitantes que, tras el nacimiento de Jesús de Nazaret, acudieron desde países extranjeros para rendirle homenaje y entregarle regalos de gran riqueza simbólica: oro, incienso y mirra; acompañados de otra costumbre que es la rosca de Reyes.
La rosca sugiere una corona real con ornamentos que simbolizan las joyas de la misma y que en su interior se encuentra un muñequito que representa al niño Jesús. Cada uno de sus componentes tiene un significado: el higo representa la posteridad, el dátil la alegría, el durazno la cordialidad, la pera la fertilidad, la manzana la amistad y la cereza la paz. Quien obtiene el muñequito, deberá - según la costumbre - invitar a los comensales de ese día, unos tamales el 2 de febrero, fiesta de la Candelaria o de la presentación del niño Jesús al Templo.
Es así que, la piñata, la posada, las pastorelas, los alimentos; son todas costumbres que nos traen recuerdos de tiempos no tan pasados; tradiciones que forman parte de nuestro país, cultura e historia, y que tienen características distintivas a las de otros países, ya que tienen un fuerte componente prehispánico que nace con la fusión de dos culturas: la indígena y la española.
Por lo que compartirlas con nuestra comunidad y en especial con la familia, refuerza nuestros lazos y nos da un sentido de pertenencia.
México es un lugar de hermosas tradiciones  y costumbres, seamos parte de ellas y celebremos esta navidad en paz, amor, esperanza y compromiso en seguir trabajando por el México que todos queremos. Felices fiestas y próspero año nuevo para todos.

martes, 17 de diciembre de 2013

Migrantes Mexicanos: Una radiografía Demográfica

Por Alejandro Armenta Mier

Definida como el cambio de residencia de una o varias personas de manera temporal o definitiva, la migración es un fenómeno social que se registra generalmente en vías de un mejoramiento de su situación económica así como de su desarrollo personal y familiar. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en 2010 tres de cada 100 habitantes en el mundo residían fuera del país donde nacieron.
Es un hecho, que si en el país de origen las dificultades económicas generan un aumento en la pobreza y la marginación, las corrientes migratorias se orientarán a los países en donde existan mayores oportunidades de empleo e ingresos. Inclusive, aun teniendo crecimiento económico, la insuficiente oferta de empleos relativamente bien remunerados motiva la migración de personas en búsqueda de mejores condiciones de vida.
Por lo que la migración internacional está asociada a las profundas desigualdades económicas que existen entre países, particularmente agravadas por situaciones de crisis económicas en países de menor desarrollo como México.
La migración también tiene entre sus múltiples y complejas causas la existencia de factores adversos para grupos de la población, conflictos étnicos, religiosos, bélicos e incluso tiene que ver con desastres naturales. Se estima que en el año 2012 el número de migrantes en el ámbito mundial ascendía a más de 175 millones de personas, 51 por ciento de ellos son hombres y el 49 por ciento son mujeres; siendo Europa, Asia y América del Norte las regiones con mayor número de migrantes.
Los mexicanos son el grupo de migrantes más numerosos en el mundo, –seguido por India y Rusia- 5.6% de los migrantes en el mundo son nacidos en México.
En 2010 Estados Unidos fue el país con el mayor número de inmigrantes con 42.8 millones.  De acuerdo al Consejo Nacional de Población, las causas principales que motivan la migración mexicana hacia Estados Unidos son la oferta de trabajo con factores vinculados con la oferta-expulsión de fuerza de trabajo, la oferta empresarial y educativa con factores asociados con la demanda-atracción y la oferta social y turística con factores sociales que ligan a los inmigrantes con la familia, amigos, comunidades de origen y de destino
De acuerdo a las estadísticas del INEGI, se observa que la población mexicana que emigra hacia otros países, lo hace en mayor número, entre los 20 y los 34 años de edad, le siguen los jóvenes de entre 15 y 19. En los menores de 15 años y los mayores de 50 años el porcentaje disminuye, exponiendo que la migración mexicana es generada primordialmente por cuestiones laborales.
Se estima que entre los años 2000 y 2009, la migración de la población hispana a la Unión Americana aumentó un 51 por ciento, alcanzando el 15,7 por ciento del total de la población, mostrando incrementos en los estados llamados “puerta de entrada” (Gateway States) como California, Texas y Florida.
Por ello, la importancia de que la Asamblea General -ante el aumento de los flujos migratorios en el mundo-proclamara el 18 de diciembre del año 2000 como el Día Internacional del Migrante, siendo que diez años atrás la Asamblea ya había adoptado la Convención Internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares.
Gracias a esto, todos los inmigrantes poseen derechos sin tener en cuenta su estatus -no sólo aquellos derechos que se contemplan en la Convención sobre los Trabajadores Migrantes- incluyendo los de carácter civil, político, social, económico y cultural que se presentan en la Declaración Universal de Derechos Humanos
Desafortunadamente, mientras no se concluya una propuesta seria que ofrezca estas garantías a los miles de mexicanos inmigrantes indocumentados, éstos seguirán exponiéndose a una situación caracterizada por no contar con derechos fundamentales, al verse reducido su acceso a servicios como la salud pública, a poseer su propio alojamiento, a la educación y a los sistemas financieros.
Si bien los gobiernos pudieran temer que -al asegurar los derechos humanos básicos a la gente sin documentos- se produzca un "efecto llamada" provocando un incremento de la inmigración ilegal, en el contexto actual, será fundamental que el Estado Mexicano establezca el diálogo y los mecanismos de articulación, que permitan contribuir en la construcción de la Agenda para la reforma migratoria.
Solo así se podrán implementar soluciones integrales que consideren la diversidad de contextos existentes en nuestro país y que traten la cuestión de la inmigración ilegal dentro del marco de los derechos humanos , para garantizar la seguridad y el acceso efectivo a la justicia de los migrantes mexicanos, sin importar el territorio en el que se encuentren.

martes, 10 de diciembre de 2013

En el contexto de los derechos y las obligaciones


Por Alejandro Armenta Mier

Los derechos humanos son derechos inalienables e inherentes a todos los seres humanos, sin distinción alguna de nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o étnico, color, religión, lengua o cualquier otra condición.  En este contexto son universales, interrelacionados, interdependientes e indivisibles.

En México los Derechos Humanos se reconocen constitucionalmente en la reforma a su Carta Magna el 10 de junio del 2011, incorporándolos en su artículo primero y elevando a nivel constitucional la tutela de estos. Siendo la Comisión Nacional de los Derechos Humanos de México -CNDH por sus siglas- la principal entidad gubernamental encargada de promover y proteger los derechos humanos en México; principalmente ante abusos cometidos por funcionarios públicos o por el estado.

La CNDH define a los Derechos Humanos como el conjunto de prerrogativas inherentes a la naturaleza de la persona, cuya realización efectiva resulta indispensable para el desarrollo integral del individuo que vive en una sociedad jurídicamente organizada. Estos derechos, establecidos en la Constitución y en las leyes, deben ser reconocidos y garantizados por el Estado.

En México, los Derechos Humanos constituyen uno de los ejes sobre los que descansa el Estado de Derecho, los cuales han ido abriéndose paso con la participación de las diversas fuerzas políticas y sociales. En este contexto, la CNDH juega un papel determinante, al tener a su cargo la protección de esos derechos.

Nuestro país participa en el objetivo universal de difundir y proteger el pleno goce de los derechos humanos. Por eso, ha promovido la creación de organismos que se encargan de velar por ellos, tanto en el orden federal como en los estados de la República.

La promoción y protección de los derechos humanos ha sido una de las mayores preocupaciones para las Naciones Unidas -desde 1945- cuando los países fundadores de la ONU acordaron impedir que volvieran a suceder los horrores de la Segunda Guerra Mundial.

Tres años después –en 1950- la Asamblea General enunció que el respeto a los derechos humanos y a la dignidad de las personas son los fundamentos para la libertad, justicia y paz en el mundo, por lo que invitó a todos los Estados miembros y a las organizaciones interesadas a que observaran como Día de los Derechos Humanos el 10 de diciembre de cada año, en el que se conmemora este concepto como ideal común de todos los pueblos y todas las naciones.

Así mismo-en diciembre de 1993- la Asamblea General de las Naciones Unidas -a partir de la recomendación de los delegados presentes en la Conferencia Mundial de Derechos Humanos- estableció el mandato del Alto Comisionado para la promoción y la protección de todos los derechos humanos, lo que ha permitido que una voz autorizada e independiente hable en favor de los derechos humanos en todo el mundo.

Es así, que este año se conmemora el 20º aniversario de la creación del cargo de Alto Comisionado para los Derechos Humanos, la Oficina del Alto Comisionado apoya a los defensores de los derechos humanos y acerca los derechos humanos a las personas; realiza actividades de promoción, supervisión y capacitación; contribuye a reformas legislativas y de políticas que facilitan una mayor rendición de cuentas por las violaciones de los derechos humanos e impulsan esos derechos.

Es importante mencionar que los derechos humanos incluyen tanto derechos como obligaciones. En el plano individual, así como debemos hacer respetar nuestros derechos humanos, también debemos respetar los derechos humanos de los demás. Por otra parte, los Estados asumen las obligaciones y los deberes en virtud del derecho internacional, de respetar, proteger y realizar los derechos humanos.

Siendo que la obligación de respetarlos significa que los Estados deben abstenerse de interferir en el disfrute de los derechos humanos, o de limitarlos; la obligación de protegerlos exige que los Estados impidan los abusos de los derechos humanos contra individuos y grupos; y la obligación de realizarlos significa que los Estados deben adoptar medidas positivas para facilitar el disfrute de los derechos humanos básicos.

La lucha por la defensa y promoción de los Derechos Humanos se ha enfocado de manera importante a las personas y grupos vulnerables ([i]); quienes ocupan un espacio creciente en las agendas legislativas de las políticas públicas, con especial atención a los procesos de vulnerabilidad social de las familias, grupos y personas. Es por ello, que el Plan Nacional de Desarrollo (PND 2013-2018) incluye dentro de sus diversos objetivos y estrategias el priorizar la atención de grupos vulnerables para prevenir la violación de sus derechos humanos.

Asegurar el respeto a los derechos humanos constituye una tarea que implica la restitución en el goce de tales derechos y el desarrollo de esquemas mediante los cuales sea posible prevenir su violación.

Por ello, será crucial que funcionarios de todas las dependencias y de todos los niveles tomen acciones de reconocimiento de sus obligaciones, y de la responsabilidad gubernamental de proteger los derechos de los mexicanos. Además de dar apertura a mesas de diálogo y espacios de participación que permitan la interacción entre el Estado y la sociedad civil; sustentos que permitan un México más justo y respetuoso de los derechos humanos.

[i] El concepto de vulnerabilidad se aplica a aquellos sectores o grupos de la población que por su condición de edad, sexo, estado civil y origen étnico se encuentran en condición de riesgo, lo que les impide incorporarse al desarrollo y acceder a mejores condiciones de bienestar.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Información y educación contra el mal del siglo

Por Alejandro Armenta Mier

En el marco del Día Mundial de la Lucha contra el SIDA -declarado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1988- se estima que en el 2010 a nivel mundial aproximadamente 34 millones de personas están infectadas el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) o aquejadas por el SIDA. Además, el virus ha matado a más de 27 millones de personas en todo el planeta; sin duda de las epidemias más destructivas registradas en la historia.

Si bien existen esfuerzos de detección cada vez más temprana y un mayor acceso al tratamiento antirretroviral, en muchas regiones del mundo se calcula que cada año mueren por esta causa 2 millones de personas; lo que permite entender el impacto que tiene este padecimiento en la población.

De acuerdo con el informe del Centro Nacional para la Prevención y Control del VIH/SIDA (CENSIDA), en 2010 se tenía el registro de 1.5 millones de personas viviendo con VIH/SIDA en América Latina -y más del 70% de estas personas viven en Argentina, Brasil, Colombia y México-; considerando el número total de infecciones en 2007, México ocupó el segundo lugar en la región con 200 mil personas viviendo con VIH. Sin embargo, de acuerdo con la prevalencia de VIH entre la población adulta México ocupa el décimo séptimo lugar en América Latina con una prevalencia de 0.3 por cada 100 personas.
En este contexto -desde 1988- el gobierno mexicano, organizaciones internacionales y asociaciones de caridad de todo el planeta han mantenido esfuerzos por combatir el VIH.

Los primeros casos de SIDA que se reportaron en México fueron en 1983, año en que se conocía poco de la infección y todavía no existían manuales estandarizados para apoyar la identificación de los casos. Tras más de 30 años desde el inicio de la epidemia en México, los factores asociados a la misma han evolucionado así como las políticas y acciones para responder a la misma.

La epidemia del VIH en México, se clasifica como concentrada dado que no se ha establecido en la población en general. Actualmente, está garantizado el acceso de medicamentos para todas las personas que viven con el virus, logrando avances significativos en materia de tratamiento lo que ha permitido salvar y mejorar su calidad de vida.

Si bien, no se ha logrado disminuir la incidencia de esta enfermedad, la tendencia es a mantenerse estable. Las cifras de mortalidad nacional asociada al SIDA del INEGI, indican una mortalidad de 7.8 hombres por cien mil, mientras que en mujeres es de 1.8 por cien mil.

Ante este panorama, en el 2010, la Asamblea Mundial de la Salud se reunió con el fin de analizar la Estrategia Mundial del Sector de la Salud contra el VIH/SIDA para 2011-2015, cuyo objetivo principal es realizar un marco de acción concertada a nivel mundial, regional y nacional. Además, como resultado del tiempo que los países tienen enfrentando esta enfermedad, se han realizado análisis detallados de la evolución de la enfermedad que han coadyuvado a la creación de protocolos y procedimientos estandarizados basados en evidencias, lo que permite mejorar las intervenciones y ofrecer atención de calidad a los pacientes.

Los esfuerzos de las instituciones de salud han permitido la reducción de nuevos casos, ONUSIDA informó en el 2012, de una reducción del 52% en infecciones nuevas de VIH entre niños y de un recorte del 33% para el conjunto de niños y adultos desde 2001, y las infecciones nuevas entre niños han bajado a 260 mil en 2012, un 52% menos que en 2001.

Las muertes relacionadas con el SIDA han descendido a nivel global en un 30% desde el 2005, a medida que el acceso al tratamiento con antirretrovirales se ha ampliado. Con lo cual, al haber detenido y reducido la epidemia global de SIDA, el mundo está consiguiendo cumplir el sexto objetivo de Desarrollo del Milenio: Reducir a la mitad el número de países que aplican leyes y prácticas punitivas en torno a la transmisión del VIH, el comercio sexual, el consumo de drogas o la homosexualidad, pero la lucha continúa con el fin de  llegar a un acceso universal del tratamiento del VIH.

A finales de 2012, unos 9.7 millones de personas en países de ingresos medios y bajos tenían acceso a terapia con antirretrovirales, lo que representa un aumento de casi el 20% en sólo un año. En 2011, los Estados Miembros de la ONU acordaron que para 2015 unos 15 millones de personas debían beneficiarse de ese tipo de tratamiento.

Estos resultados visiblemente refieren a una alta inversión, por lo que el gasto nacional en VIH ha aumentado y representaba el 53% de los recursos globales en 2012, que se calculaban en unos 18 mil 900 millones de dólares. Se considera que serán necesarios entre 22 mil y 24 mil millones anuales a partir del año 2015.

En México, la principal fuente de financiamiento en SIDA son las instituciones del sector público, siendo la fuente privada la segunda fuente de financiamiento. Las aportaciones internacionales siguen siendo marginales al compararlas con las otras dos fuentes -representando menos de un punto porcentual- debido a que México es considerado un país de medianos ingresos.

En este sentido, será necesario incrementar los recursos para la prevención del VIH y darle continuidad a la focalización de la prevención en las poblaciones clave, que permitan un mayor acceso a servicios de prevención para estas poblaciones, lo cual redundará en un mayor número de personas, pertenecientes a poblaciones clave, con comportamientos sexuales protegidos y prácticas de inyección de menor riesgo.

También será importante propiciar que el sector educativo sea un actor cada vez más activo en la prevención del VIH; siendo un elemento esencial la implementación de educación sexual en todas las escuelas del nivel de educación básico y la generación y apoyo a programas de prevención dirigidos a jóvenes no escolarizados.

Estas acciones impactarán en la disminución de los casos nuevos de infección por VIH y, por ende, en la prevalencia del VIH de la población mexicana.