Por alejandro armenta mier
En la actualidad la población mundial sobrepasa los 7 mil millones de personas. Lamentablemente, la pobreza, el hambre y la enfermedad acechan a muchas personas, especialmente a mujeres y niños, seguidos por los jóvenes, de los cuales, la mitad son pobres y sufre la desigualdad social, la discriminación y la falta de empleo.
Se estima que en año 2025, en el mundo habitarán 8 mil millones de personas, lo que originará nuevas condiciones en los escenarios futuros, entre ellas una proporción creciente de residentes en las ciudades, una mayor proporción de la población en edades avanzadas, nuevos arreglos conyugales y familiares, menor número de hijos y mayor movilidad de la población en cada país y entre países. Además de retos en ámbitos tan fundamentales como el abastecimiento de recursos naturales, energía, impacto en la seguridad alimentaria y el cambio climático. Los datos indican que en el 2050 las necesidades alimentarias de la población podrían incrementarse en un 70%[1] y que 7 mil millones de personas padecerán escasez de agua[2].
En el contexto nacional, el censo de población realizado en el año 2010 contó 112 millones 336 mil 538 personas, una cifra que, no obstante la reducción en la tasa de crecimiento en décadas recientes, muestra que la población se multiplicó 2.3 desde 1970.
En la situación actual, si la tasa de crecimiento observada en años recientes se mantuviera, la población mexicana se duplicaría en aproximadamente 50 años, de tal manera que México llegaría a tener alrededor de 225 millones de habitantes en 2060, cifra que nos permite estimar los retos que hay que enfrentar en el presente y el futuro de México.
La sociedad mexicana es una sociedad cada vez más urbanizada, ocho de cada diez habitantes viven en áreas urbanas y el 13 por ciento reside en localidades de más de un millón de habitantes. Aunque junto con esta elevada concentración de la población en unas cuantas áreas, el país enfrenta una gran dispersión, 10.6 millones de personas residen en 173 mil localidades con menos de 500 habitantes, lo que sin duda afecta el abastecimiento de servicios básicos. (INEGI 2010)
En el total de la población, existe cierto equilibrio en la distribución entre hombres y mujeres, 48.8 y 51.2%, es decir, existen 95 hombres por cada cien mujeres. Es evidente que existe un cambio en el comportamiento de la población, donde la distribución según estado conyugal muestra una tendencia clara de disminución en la unidad por medio de la institución del matrimonio, de 1990 a 2000 y 2010, los porcentajes han pasado de 45.8 a 44.5 y 40.5 por ciento. El incremento en el porcentaje de personas en unión libre, especialmente en el grupo de 15 a 19 años de edad, en el cual de1990 a 2010 el porcentaje de mujeres en unión libre pasó de 5.4 a 11.4, y en el caso de los hombres de 2.3 a 4.9. Asimismo, se observa aumento en los porcentajes de personas divorciadas, los cuales empiezan a ser cada vez más importantes. (INEGI, 2010)
Otro factor importante es la disminución de la fecundidad, tendencia que inició en la segunda mitad de la década de los setenta, cuando se alcanzó se alcanzó una cifra de 3.1 hijos, en comparación con 2.3 hijos que se observaron en el censo 2010.
Por otra parte, México es un país que presenta movilidad de la población, tanto dentro de su territorio como fuera de él. Del total de la población, el 18.4% nació en una entidad o país distinta a la que reside. Respecto a la migración en los últimos 5 años por lugar de residencia, destaca el Distrito Federal, entidad que tiene un saldo neto migratorio negativo, esto significa que sale más población de la que llega a residir en dicha entidad (INEGI, 2010)
Este 11 de julio, Día Mundial de la Población, nos da la pauta para reflexionar sobre la relevancia de instrumentar acciones apremiantes para detener la contaminación ambiental, controlar el crecimiento poblacional, proteger y aumentar los recursos naturales, avanzar en materia de producción de alimentos, invertir en salud, educación y bienestar social.
La vida siempre será digna de celebración, pero la calidad de vida de la población se vuelve cada vez más difícil de conseguir, toda vez que por un lado, la función del Estado es más compleja y requiere de más recursos para cubrir las necesidades básicas y, por otro lado, existen cada vez más competidores luchando por los satisfactores que se vuelven, por consecuencia, más escasos y difíciles de obtener. El desmedido y descontrolado crecimiento de la población tiene implicaciones que se traducen en mayúsculos esfuerzos y desafíos por parte de los gobiernos de los países y la escasez del recurso satisfactor.
Es por ello, que serán de suma importancia las reformas promovidas por el Gobierno de la República en materia de población, con el objeto de regular, programar, promover y evaluar la política de población en cuanto a los fenómenos demográficos que la afectan en el presente y futuro respecto a su volumen, estructura, dinámica y distribución geográfica en el territorio nacional así como al registro e identidad de la población del país y de los mexicanos en el exterior para impulsar el desarrollo integral y sustentable de la población, con apego a los derechos humanos.
Pero a medida que tengamos, además de la cantidad o número de población, la certeza de la identidad legal de las personas, éstas últimas estarán en posibilidad de oponer sus derechos frente a terceros o frente al propio Estado. Una persona que no tiene nombre, apellido o nacionalidad, no tiene la posibilidad legal de reclamar sus derechos.
La trascendencia del derecho humano de la identidad de las personas, se traduce actualmente en la obligación del Estado de contar con un mecanismo apropiado que asegure el registro de toda su población. Los gobiernos más avanzados del mundo focalizan sus esfuerzos con base al gran conocimiento que tienen sobre su población. Conocer e identificar a la población beneficia y facilita la gestión pública. El registro de población ha dejado de ser un sub-indicador para convertirse en el principal indicador de las políticas públicas, comenzando por garantizar los derechos humanos.
Permitiendo fortalecer la cultura demográfica, de forma que incida en el combate a la marginación, la desigualdad y la pobreza, a partir del planteamiento de las políticas públicas que permitan a la sociedad participar con equidad y justicia de los beneficios del proceso del desarrollo económico, social y cultural.
Lo que consentirá a la sociedad mexicana elevar el bienestar y la calidad de vida, integrándose a un mundo más justo con sociedades saludables y sustentables.
[1] FAO. Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura.
[2] Foro Mundial del Agua, 2013.
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