Por el Mtro. Alejandro Armenta Mier
Nuestra constitución establece que la educación impartida por estado mexicano debe ser laica, definiéndola como aquella que se mantiene por completo ajena a cualquier doctrina religiosa.
El laicismo en el ámbito educativo es la expresión del principio histórico de separación del Estado y las iglesias así como de un conjunto de normas que, por un lado, impiden al Estado establecer preferencias o privilegios a favor o en contra de religión alguna y, por otro, de la garantía de la libertad de creencias, de la cual se derivan derechos específicos para todo individuo “a tener o adoptar la creencia religiosa de su preferencia, o bien no profesar creencia religiosa alguna y no ser objeto de discriminación, coacción u hostilidad por causa de tales creencias religiosas, ni ser obligado a declarar sobre ellas”.
Es así que la educación laica responde a nuestras aspiraciones y afianza nuestra libertad de conciencia mediante el proceso de enseñanza aprendizaje, a fin de coexistir en un sistema de vida democrático, en el cual el pluralismo social y político se consoliden para asegurar el pleno respeto de las garantías individuales y los derechos humanos de todos los mexicanos.
En México es evidente la diversidad religiosa existente, de los 112.3 millones de habitantes, 92.5 por ciento profesa una religión: 92.3 millones son adeptos a la religión católica, 8.3 millones son protestantes-cristianos, 2.5 millones son estudiosos bíblicos no evangélicos, 89 mil forman parte de las religiones oriental, judaica e islámica, 27 mil personas siguen tradiciones de raíces étnicas, 35 mil son espiritualistas, 5.2 millones manifiestan no tener ninguna simpatía o militancia religiosa mientras que 3 millones no especifican alguna afinidad religiosa (INEGI 2010).
Por lo que la educación laica en México es parte de la condición del desarrollo libre de los individuos, pues asegura la libertad de conciencia de todas las personas. Además, el laicismo ha hecho posible, la superación de conflictos sociales que en otras épocas dividieron profundamente a los mexicanos, al respetar la libertad de creencias, reconocer la diversidad y asegurar el respeto de los derechos de las minorías.
El laicismo en la educación hace suyos los principios democráticos y con ellos garantiza el principio de igualdad jurídica de todos ante la ley, salvaguardando así la primacía del Estado Mexicano, que establece que ante la ley todas personas somos iguales.
Es así que a 96 años del establecimiento de la educación laica en México se consolida este pleno derecho del que gozamos los mexicanos gracias a los esfuerzos del Lic. Benito P. Juárez sin olvidar el contexto de las Leyes de Reforma, de la guerra cristera, del liberalismo del Gral. Plutarco Elías Calles, de la visión social del Gral. Lázaro Cárdenas, de José Vasconcelos con su convicción de unificar mediante la educación a los presidentes que posteriormente defendieron esta disposición.
Y es que con nuestra labor –la de los mexicanos desde diferentes trincheras- reforzamos y defendemos este decreto que se manifiesta en el primer párrafo del artículo 24 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y que representa un reconocimiento explícito a la diversidad religiosa que existe en nuestro país.
Sin duda, la educación laica implica el acceso a un proceso de enseñanza aprendizaje al margen de la fe y de las creencias que cada quien considere adecuadas a su vida; más allá de eso, se enmarca en los derechos fundamentales e innegables de todos los mexicanos.
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