Por Alejandro Armenta Mier
El comercio informal es una práctica que, sin duda, fomenta la pérdida de empleos formales además de arrastrar pérdidas económicas para los diferentes sectores de la industria en México. De acuerdo a datos de la Cámara Nacional de la Industria del Textil (CANAITEX), esta rama junto con la del vestido son las más afectadas tomando en cuenta que el comercio informal representa el 58 % del total de las operaciones de compra-venta de ropa en el mercado mexicano, afectando gravemente a las empresas fabricantes de ropa en nuestro país.
Las repercusiones se extienden a otras ramas industriales como la comercialización de las denominadas bebidas espirituosas, en donde las cifras de las prácticas informales no son alentadoras, se estima que 4 de cada 10 botellas se comercializan en nuestro país en ese contexto. Adicionalmente, la industria del tequila se enfrenta a un serio problema derivado de prácticas de comercio desleal de genéricos de agave. De acuerdo con estudios realizados por el Laboratorio Nacional de Protección al Consumidor entre 2010 y 2011, el 82% de las bebidas que utilizan la marca Agave presentan incumplimientos a las especificaciones establecidas.
El comercio informal representa una pérdida importante en la recaudación fiscal (IEPS) del Gobierno de la República, de acuerdo a una investigación realizada entre la Cámara de Comercio de la ciudad de México y el Departamento de Ciencias y Humanidades del Instituto Tecnológico de Monterrey (2007) el fisco mexicano deja de percibir al año alrededor de 4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) como resultado de la creciente economía informal, comercio ilegal, contrabando y piratería, siendo evidente que la sociedad mexicana no es consciente aún de la magnitud del problema, no sólo por las pérdidas económicos que causa a la industria sino sobre todo por las consecuencias que conlleva a la economía nacional.
A pesar de las acciones que el gobierno ha implementado con el objeto de detener el mercado informal, al incrementar los operativos y recuperar espacios territoriales como el Centro Histórico de la Ciudad de México, aún no se han concretado acciones firmes y determinantes para resolver este problema.
Por lo que será importante seguir sumando esfuerzos y dar continuidad a las negociaciones para mejorar la cooperación entre las autoridades, cámaras de la industria, organismos nacionales e internacionales relevantes en esta problemática.
Siendo importante modernizar la legislación mexicana, implementar nuevos mecanismos que protejan a los consumidores, definir políticas orientadas a la contención del comercio ilícito de productos falsificados y piratas, fenómeno que ha creado una economía paralela y ha logrado mantener vigentes prácticas que se creían controladas, como la apropiación y ocupación de territorios públicos, el clientelismo, la corrupción y la delincuencia organizada.
Solo así se brindará la posibilidad de luchar con mayor fuerza contra la ilegalidad que consienta cuidar el empleo de millones de mexicanos, incrementar la creación de empleos formales, fomentar la competitividad de las empresas, reducir riesgo su salud y seguridad de los consumidores para detener en buena medida la cadena delictiva.
Por lo que, en el marco del Día mundial contra la falsificación y la piratería, a celebrarse este 7 de junio, se insta a articular esfuerzos para combatir el fenómeno y poner de manifiesto la necesidad de sensibilizar a todos los mexicanos de la importancia de no comprar en el mercado informal, haciendo especial hincapié en el riesgo para su salud y seguridad que les genera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario