martes, 17 de septiembre de 2013

Erradicación del trabajo infantil

Por Alejandro Armenta Mier

El trabajo infantil en México es un fenómeno con características complejas y multidimensionales, en el cual es muy difícil separar los componentes educativos, sociales, culturales y económicos. Existen diferentes posiciones en la sociedad civil mexicana respecto a este fenómeno.

Un primer enfoque corresponde al que considera que el trabajo infantil debe ser abolido de manera inmediata ya que las causas como la pobreza afectan directamente al menor y a sus familias propiciando problemas entre ellos. Un segundo enfoque, integrado por quienes defienden el derecho de las niñas y los niños a trabajar, otorgan al trabajo temprano un carácter formativo-cooperativo, donde sólo se condena la explotación. Un tercero sostiene que el trabajo infantil debe ser erradicado mediante un proceso que involucre a todos los actores sociales, niños, niñas y sus familias, las organizaciones sociales, académicas, sindicales y empresariales y los gobiernos, a fin de atacar las causas que lo generan como la pobreza, el escaso apoyo financiero para la educación, la falta de empleos para los adultos, las desigualdades regionales y la exclusión social de grupos marginados.

La Organización Internacional del Trabajo (OTI) define al trabajo infantil como “toda actividad económica llevada a cabo por personas menores de 15 años de edad, sin importar el estatus”. Por otra parte, el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) enmarca al trabajo infantil en “aquellas actividades que desarrollan las niñas y los niños en el marco de la economía formal o informal para su propia subsistencia o para contribuir a la economía familiar al margen de la protección jurídica y social prevista en la ley”.

La dimensión del problema del trabajo infantil tiene una estrecha relación con el mantenimiento del círculo vicioso de la pobreza; por ello las primeras acciones que México tomó en relación al trabajo infantil iniciaron a mediados de los años ochenta, debido al visible aumento de los niños y niñas en situación de calle, que por razones como violencia, desintegración social, falta de afecto familiar, abandono u orfandad han roto el vínculo familiar y escolar, viéndose obligados a trabajar para cubrir ellos mismos necesidades de ingreso, vivienda, alimentación y sociabilización.

Cabe mencionar que los estudios sobre trabajo infantil se enfocaron primeramente a los niños callejeros, dando paso posteriormente a los menores trabajadores en zonas marginadas. Estos menores forman parte de una problemática social creciente y compleja que ante las adversidades económicas obliga a las familias en condiciones de pobreza a incorporar al trabajo a cada vez más miembros del hogar, principalmente a mujeres y niños.

Actualmente en México se cuenta con una población de 32.5 millones de niños (INEGI, 2010) y se registran alrededor de 4 millones de niños en el campo laboral, mientras que en el mundo son aproximadamente 215 millones de menores con un empleo mal remunerados y 115 millones de estos niños están en trabajos de riesgo, independientemente del sector en que se desenvuelvan.

Es así que el trabajo infantil tiene diversos efectos, siendo que en el corto plazo contribuye al incremento del ingreso en el hogar, a tal grado que la aportación infantil representa entre 20 y 25% de los ingresos de las familias más pobres; pero en el largo plazo disminuye la formación del capital humano, ya que los menores trabajadores no asisten a la escuela o la abandonan antes de concluir la educación básica, por lo que al llegar a la edad adulta sus oportunidades de desarrollo y empleo se restringe a empleos poco calificados con remuneraciones muy bajas, reproduciendo la pobreza.

Niños y niñas diariamente se observan en la venta ambulante de pequeños artículos como dulces y periódicos, al cuidado de automóviles o de limpiaparabrisas, malabaristas, payasos, a los que de madrugada se alquilan en las centrales de abastos y mercados públicos como cargadores, diableros o estibadores.

Por ello tomando conciencia sobre el problema que representa el trabajo infantil, México ha instrumentado programas para la erradicación del trabajo en menores con la visión de eliminar las peores formas de trabajo infantil para el año 2016.

Para lograr este objetivo se requiere una mayor escala de esfuerzo y compromiso del gobierno mexicano, por lo que se está impulsando la creación de una comisión nacional para prevenir el trabajo infantil, lo que ratificará el convenio 138 de la OIT, que prohíbe emplear a menores de edad que no hayan concluido la educación básica.

Debemos pensar que futuro queremos y generar sinergias entre sociedad, gobierno y organismos internacionales, solo así lograremos constituir lo necesario para salvaguardar el bienestar y los derechos de los niños mexicanos, quienes representan el futuro México.

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