martes, 19 de marzo de 2013

Reconociendo a la mujer mexicana

Por el Mtro. Alejandro Armenta Mier


Marzo es un mes especial en el calendario ya que representa la oportunidad de rendir un merecido homenaje a las mujeres en los diversos contextos de su quehacer cotidiano. Sin duda se han destacado en la ciencia e investigación, en el deporte, en la ecología, en la política, en el arte, la cultura y el periodismo, entre otras actividades.
De los 3.042 millones de mujeres en el mundo, estimados en el último censo mundial, el 30% vive en zonas urbanas y 70% en zonas rurales. El camino ha sido difícil, con logros parciales e intermitentes, pues seguimos siendo una sociedad donde todavía persisten bastantes resquicios de un machismo que no termina de asumir que las mujeres puedan ser iguales que los hombres.

Se calcula que más de 400 millones de mujeres vive en extrema pobreza y soportan hambre crónica en el mundo. En México habitan 57.5 millones de mujeres, de las que se estima que 12.3 millones son mujeres rurales; 6.9 millones son mujeres indígenas y casi 6 millones de mujeres mexicanas han migrado a estados unidos; 17.5 millones de mujeres participa en la generación de algún bien económico o en la prestación de un servicio (PEA), trabajando más de 40 horas semanales en promedio, aparte de de invertir 27 horas a la semana en los quehaceres domésticos de su propio hogar, y alrededor de 25 horas en el cuidado de niños, enfermos y ancianos.

México presenta grandes rezagos y profundas desigualdades, según la última Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (CONAPRED 2010), las mujeres perciben que los principales problemas a que se enfrentan son los relacionados con el empleo, con la inseguridad y con el abuso, acoso, maltrato y violencia; sin descartar también problemas de segregación por ser mujeres, problemas de dinero, de educación, de salud y escasez de apoyo a las mujeres.
Miremos a nuestro alrededor, a las mujeres de nuestras familias y comunidades, reflexionemos que existe una alta probabilidad de que muchas de ellas hayan sido víctimas de violencia y discriminación; otras han consolado a una hermana o amiga  compartiendo su dolor y enojo tras haber sufrido una agresión.
 “No pueden vivir en el temor a la violencia” es el exhorto que el Presidente de México Enrique Peña Nieto le hace a las mujeres, sustentado en el principio fundamental de igualdad con la sólida premisa de que todas –mujeres y niñas- tienen el derecho de vivir sin agresiones de ningún tipo; lo que sin duda lo coloca como “un aliado de las mujeres y un facilitador de las políticas incluyentes.
Somos un país en el que tres de cada 10 hogares tienen mujeres como proveedoras principales, siendo estas familias más susceptibles a experimentar carencias en acceso a la alimentación. Se calcula que de la población femenina mexicana, 13.8 millones se encuentran en pobreza alimentaria, 20.7 en pobreza de capacidades y 42.6 en pobreza patrimonial.
Por eso la importancia de que las sociedades, asociaciones, agrupaciones femeninas y el gobierno mexicano sigan esforzándose por lograr una mayor coordinación, fomentando programas de trabajo y bases de acción bien definidos con miras al mejoramiento de la situación de la mujer.
Más allá de una fecha, se tiene el compromiso permanente -tanto en México como en el mundo- de examinar las acciones emprendidas en beneficio de las mujeres, teniendo como eje central la equidad de género, la atención a la salud, la educación, la vivienda y el empleo para su desarrollo e integración a la sociedad.

A pesar de que se observan notables avances en la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de la mujer, gracias a una promoción enérgica, la adopción de medidas prácticas y la formulación de políticas públicas, debemos educar para forjar nuevas normas y conductas.
Es nuestro deber buscar que las demandas de la población femenina sean atendidas, que se resuelva el problema de rezago económico y social en el que viven  luchando por la equidad de género, ya que la brecha existente las hace vulnerables y les da menores oportunidades en comparación a los hombres, derivado de la diferencia de acceso a recursos provenientes de programas públicos y materias primas. Por eso la importancia de  incluir a las mujeres en la agenda para que, a través de los diferentes órganos gubernamentales, se logre el desarrollo que permita cerrar la brecha de género en los mercados de trabajo.

El compromiso es trabajar por leyes fuertes y políticas para su aplicación efectiva, abrir espacios en la política social, la economía, el sistema de justicia y de educación para que las mujeres desarrollen todas sus capacidades.

Una de las deudas sociales de México es con sus mujeres, por lo que debemos apoyarlas para que sean líderes en todos los campos del quehacer humano, empoderarlas y garantizar la igualdad.

Sólo cuando las mujeres participen plenamente y en pie de igualdad en todos los sectores, con igualdad de derechos, igualdad de oportunidades y la participación equitativa -especialmente en la toma de decisiones- podremos tener la sociedad sostenible, pacífica y justa.
Debemos levantar nuestras voces y decir NO a la discriminación y la violencia contra las mujeres y las niñas.

NO al feminicidio.

NO a la impunidad.

Sí  a la paz, a los derechos humanos, a la justicia y a la igualdad.

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